Esa necesidad de registrar los inicios

Hay una suerte de veneración a los momentos únicos. Buscamos la ocasión para recordar días, fechas, momentos en que sucedió tal felicidad, se perdió tal oportunidad, se dejó tal relación. Adoramos los momentos específicos. 

Es algo así como tener un Big Bang personal: el día de; la hora en que; el momento cuando. 

Claramente ese instante divide la historia en un antes y un después. 
Pero en mi vida no encuentro un Big Bang. No existe ese momento definido que crea el universo en que habito. 

En su lugar, atesoro notas escritas durante diferentes épocas de vida que narran sueños, miedos, prejuicios, escrúpulos, situaciones dolorosas, tóxicas, enternecedoras, exuberantes de gracia. Una trama de hilos -aprendidos de otros o ideados por mí- entretejidos de tal forma que siempre me devuelven a un lugar muy parecido a aquel que ya viví.

A veces creo que quienes tienen una vida "Big Bang" la tienen más simple para vivir.
Pero no. A cada quién le toca lo que le toca.
Cuando acepto que los inicios espectaculares no forman parte de mi historia descubro, en los procesos que transito, los nudos de los hilos que me tienen estancada.

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